dissabte, 3 de novembre de 2007

La semilla del mal

Que precio hemos de pagar los españoles, la democracia, para que la verdad sea aceptada. Verdad judicial, pero verdad a fin de cuentas. Por que en esto consiste uno de los pilares de la democracia, en la obediencia y respeto a las sentencias judiciales.

El trabajo realizado por todos los actores en el proceso de investigación y análisis y el proceso judicial no deja margen alguno a un cambio de sentencia como pretenden algunos.

Las múltiples manifestaciones que desde el PP se realizaron para intentar justificar lo injustificable, el intento de manipulación de la opinión pública por oscuros intereses, la desvergüenza de muchas de sus manifestaciones que, basadas en la mentira, pretendian cambiar la realidad las pasadas elecciones generales, pasará nuevamente factura política en las que se avecinan.

Existen intereses creados, círculos de poder, personajes siniestros que impiden cerrar el círculo de la excelencia en este tema sin importar los muertos y sus familiares. Sin importar la verdad, aunque sea la judicial.

Se adivinan tiempos difíciles para más de un instigador de teorías paralelas. Se oyen voces de crítica dura y los perjudicados por sus insidias y falacias preveen demandas y querellas.

Y es que si desde dentro del propio PP se estan levantando voces para aceptar la sentencia y acatar sus conclusiones es por que estamos ante la más grave situación de la democracia española: ni Tejero ni Ibarreche pusieron el estado de derecho en la tesitura que ahora nos hallamos. El primero actuó de forma ilegal para intentar cambiar el signo político del País y la legalidad venció, el segundo, escudado en los resortes democráticos quiso hacer un pulso al estado y por esos mismos cauces fue derrotado.

No, el PP en la actualidad està socavando la democracia desde dentro, vestido como partido democrático pero obrando y actuando fuera de la legalidad, no respetando las reglas del juego, lo que convierte sus líderes en perversos manipuladores que prefieren crispar la sociedad y cargar contra el sistema democrático antes que aceptar su error.

Prefieren sembrar la semilla del mal.